Suárez Trashorras denuncia que la Policía le engañó para que incriminara al Chino en el 11-M
04/09/2006
El principal imputado por la masacre del 11-M, el ex minero y confidente Emilio Suárez Trashorras denuncia en El Mundo que confesó su primera versión convencido de que formaba parte de un programa de testigos protegidos. Entonces, creyendo que iba a obtener beneficios del pacto con la Policía, implicó en su declaraciones a Jamal Ahmidan. Insiste en que fue un golpe de estado y que todo lo que hizo fue bajo la supervisión de Manolón, su controlador en la Policía.
(Libertad Digital) Ya lo había adelantado El Mundo en su edición de este domingo y un día después publica una primera parte de la entrevista en exclusiva que el ex minero y confidente de la Policía, Emilio Suárez Trashorras, ha concedido a Fernando Múgica. Se trata de un testimonio clave por ser el del principal imputado por la masacre del 11-M. Se enfrenta a una petición fiscal de más de 3.000 años de cárcel y en el sumario se le acusa de haber robado y proporcionado los explosivos a los considerados autores materiales del 11-M. Desde hace dos años y medio está encarcelado en la madrileña prisión de Alcalá Meco.
El diario que dirige Pedro J. Ramírez abre su portada con uno de los principales titulares que deja Trashorras en esta entrevista: "La Policía me ofreció dinero y un piso para que incriminara a Zougam y El Tunecino". A lo largo de su conversación con Múgica, el ex minero explica que sólo después de declarar lo que la Policía le había dicho que declarara se dio cuanta de que ese "pacto" no iba a cumplirse y de que le habían "utilizado, engañado y traicionado".
Para entonces ya había aportado una primera confesión creyendo que formaba parte del programa de testigos protegidos. "Soy una víctima de un golpe de Estado que se ha tratado de encubrir detrás de las responsabilidades de un grupo de musulmanes y de los confidentes cuando estaba todo perfectamente controlado por los Cuerpos de Seguridad. Existen complicidades que el juez no está dispuesto a descubrir". Y matiza ahora que cuando confesó ante el juez que Jamal Ahmidan, al que nunca se refiere como El Chino sino como Mowgli, "llevaba los explosivos" fue porque así se lo pidió la Policía. Dice que fue "amenazado y coaccionado" y desvela una negociación "ofreciéndome todo tipo de cosas para que mantuviera ante el juez una versión que incriminara ante todo a el Tunecino y a Jamal Zougam".
Cuenta que la Policía comenzó por ofrecerle dinero, luego una vivienda. Le hablaron, siempre según su testimonio en El Mundo, de que formaría parte del programa de protección de testigos y de que no se formularían cargos contra él por la Operación Pipol sobre tráfico de drogas en la que estaba implicado desde 2001. Y señala: "El atentado del 11-M no ha sido más que una operación policial que se descontroló y se les fue de las manos a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. Ésta es la única explicación coherente, a no ser que existan complicidades ocultas, al igual que ocurrió con el GAL".
Editorial de LD
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