No a la Guerra
martes, 05 de septiembre de 2006 9:23
Ellos nunca dan puntadas sin hilo. Jamás. Por eso, Felipe González ya no encuentra motivo alguno en el mapa de Oriente Medio para que los huérfanos inconsolables de Jomeini no dispongan de una bomba atómica. O de cien. O de mil, qué más da. A fin de cuentas el anhelo de barrer a los judíos de la faz de la tierra supone una opción tan legítima como cualquier otra. Tan legítima como apelar a la suprema razón de Estado para permanecer en la OTAN. Tan legítima como repudiarla con asco cuando así convino al sagrado interés electoral del partido. Tan legítima como, en nombre de la paz, bombardear a Sadam durante la primera contienda de Irak.
Tan legítima como amotinarse contra la guerra frente a la no participación de España en la segunda. Tan legítima como abrir los telediarios llamando a la deserción de todos los ejércitos que combaten al islamismo en tierras del Profeta. Tan legítima como cerrarlos después ocultando que nadie arriesga más soldados que Zapatero en los mil frentes de la Yihad. Tan legítima como haber enviado efectivos al Líbano a espaldas del Parlamento Y tan legítima, claro, como volver a salir corriendo, otra vez, en cuanto empiece el goteo continuo de féretros con crespón negro en horario de máxima audiencia. Que de ahí esas delicadísimas puntaditas preventivas de Felipe en las sayas de los ayatolás.
Pues quién mejor que el viejo rey de los tahúres, si de lo que se trata es de jugar a dos barajas sin descomponer ni la estampa ni la estampita, no vaya a ser que los membrillos descubran dónde está la sota. Porque igual que esa bomba nunca se podría armar con licencia de la ONU, tampoco habrá de ser desactivada merced a un mandato de Siria, Libia, Corea del Norte, Cuba, Venezuela, el sátrapa de turno con asiento rotatorio en el Consejo de Seguridad y el resto de ese club de autócratas cleptómanos que piadosamente llaman comunidad internacional. Como siempre, deberán inutilizarla los mismos que llevan salvando a Occidente de sí mismo desde los tiempos en que el cabo Hitler diera en emplearse como animador de tertulias por las cervecerías de Berlín.
Y cuando ese día llegue, que llegará, el Partido de Dios tampoco esperará a la bendición de Kofi Annan para hacer blanco en sus azules dianas. Entonces, todo el mundo buscará coartadas con que estar a la altura de las circunstancias. Todos, salvo Zapatero, que ya dispondrá de la suya para alejarse au dessus de la mêlè:la certera puntada de Felipe ante los vicarios del Misericordioso en Persia. Ese divino derecho a aparear protones contra la Civilización, violado, una vez más, por el imperialismo yanki y sus cómplices domésticos, los belicistas del PP. Ya se pueden ir preparando en las sedes. Pero antes, a votar sí en el Congreso. Sin falta.
José García Domínguez
Suárez Trashorras denuncia que la Policía le engañó para que incriminara al Chino en el 11-M
lunes, 04 de septiembre de 2006 8:30
El principal imputado por la masacre del 11-M, el ex minero y confidente Emilio Suárez Trashorras denuncia en El Mundo que confesó su primera versión convencido de que formaba parte de un programa de testigos protegidos. Entonces, creyendo que iba a obtener beneficios del pacto con la Policía, implicó en su declaraciones a Jamal Ahmidan. Insiste en que fue un golpe de estado y que todo lo que hizo fue bajo la supervisión de Manolón, su controlador en la Policía.
(Libertad Digital) Ya lo había adelantado El Mundo en su edición de este domingo y un día después publica una primera parte de la entrevista en exclusiva que el ex minero y confidente de la Policía, Emilio Suárez Trashorras, ha concedido a Fernando Múgica. Se trata de un testimonio clave por ser el del principal imputado por la masacre del 11-M. Se enfrenta a una petición fiscal de más de 3.000 años de cárcel y en el sumario se le acusa de haber robado y proporcionado los explosivos a los considerados autores materiales del 11-M. Desde hace dos años y medio está encarcelado en la madrileña prisión de Alcalá Meco.
El diario que dirige Pedro J. Ramírez abre su portada con uno de los principales titulares que deja Trashorras en esta entrevista: "La Policía me ofreció dinero y un piso para que incriminara a Zougam y El Tunecino". A lo largo de su conversación con Múgica, el ex minero explica que sólo después de declarar lo que la Policía le había dicho que declarara se dio cuanta de que ese "pacto" no iba a cumplirse y de que le habían "utilizado, engañado y traicionado".
Para entonces ya había aportado una primera confesión creyendo que formaba parte del programa de testigos protegidos. "Soy una víctima de un golpe de Estado que se ha tratado de encubrir detrás de las responsabilidades de un grupo de musulmanes y de los confidentes cuando estaba todo perfectamente controlado por los Cuerpos de Seguridad. Existen complicidades que el juez no está dispuesto a descubrir". Y matiza ahora que cuando confesó ante el juez que Jamal Ahmidan, al que nunca se refiere como El Chino sino como Mowgli, "llevaba los explosivos" fue porque así se lo pidió la Policía. Dice que fue "amenazado y coaccionado" y desvela una negociación "ofreciéndome todo tipo de cosas para que mantuviera ante el juez una versión que incriminara ante todo a el Tunecino y a Jamal Zougam".
Cuenta que la Policía comenzó por ofrecerle dinero, luego una vivienda. Le hablaron, siempre según su testimonio en El Mundo, de que formaría parte del programa de protección de testigos y de que no se formularían cargos contra él por la Operación Pipol sobre tráfico de drogas en la que estaba implicado desde 2001. Y señala: "El atentado del 11-M no ha sido más que una operación policial que se descontroló y se les fue de las manos a los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad. Ésta es la única explicación coherente, a no ser que existan complicidades ocultas, al igual que ocurrió con el GAL".
Editorial de LD
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La gran Estafa de Zapatero y ETA
sábado, 02 de septiembre de 2006 0:00
Sentarse a dialogar con terroristas una cosa distinta a su rendición y entrega a las autoridades ya es lo suficientemente abominable como para encima preocuparse de la estrategia de ambas partes en la negociación. Metidos en el lodazal de tomar café con los asesinos de Miguel Ángel Blanco o Flavio Moreno, hay que tener el estómago a prueba de trilita para establecer una neutra agenda de negociación como la que los partidarios de la paz nos aseguran que existe. Los pactistas nos exigen que congelemos el corazón y nublemos la mente para comprender que lo que hacen es por nuestro bien, y que su frialdad y su distanciamineto de las víctimas son expresión de su control y nervios de acero. Que comprendamos la negociación. Bien, hagámoslo.
A día de hoy, ETA está siguiendo escrupulosamente la lógica de la tregua y la negociación. Ha suspendido las operaciones en uno de sus frentes, pero el resto de la organización funciona a pleno rendimiento; el aparato económico, el de agitación, el frente de makos siguen funcionando, como corresponde a una tregua, que es una suspensión temporal de las operaciones en un momento y en un aspecto determinado. Fuera de ella, ETA recuerda que sigue en lucha, llena los arsenales y entrena a sus comandos. En la mesa de la negociación amenaza al Gobierno con volver a matar, y cuando éste flaquea, manda a los suyos a la calle, quema un autobús o sale en primera página de Gara. Meter presión al otro es la primera regla. ETA acusa al Gobierno de todos los males posibles ante la opinión pública, se presenta a sí misma como partidaria sincera del diálogo y presiona a Zapatero a cumplir con lo acordado.
Pero aquí surge la anomalía ideológica del Gobierno; piénsese en un comportamiento análogo al de la otra parte. Pues no. Cuando la "paz" se pone en peligro por la presión de ETA en las calles de San Sebastián o los comunicados incendiarios, Zapatero se presenta así mismo como partidario del diálogo, y rompiendo cualquier protocolo negociador, esconde los atentados, defiende la sinceridad de ETA y carga contra los aguafiestas de turno. En otros términos, la lógica negociadora es sencilla; cuando el banquete político de ETA y Zapatero corre peligro, ETA acusa a Zapatero, y Zapatero acusa... al Partido Popular.
Para meter prisa al Gobierno, ETA activa los otros frentes terroristas. Éstos se desarrollan hoy con una intensidad baja, si es que se puede hablar de ello cuando los amenazados son seres humanos. Poco importan al Gobierno mientras no entorpezcan los mítines de Zapatero; "accidentes", los llamó. Para ocultar los desmanes terroristas, Zapatero moviliza todos sus resortes: medios de comunicación, activistas culturales, funcionarios del Gobierno. Anomalía enorme, puesto que así encaja y absorbe la presión de ETA sin devolvérsela. Parece evidente que la dialéctica de la negociación está rota, porque el Gobierno está a otra cosa. Las caras de solemnidad de Rubalcaba o De la Vega acerca de la responsabilidad del Gobierno, de la lógica de la negociación, del silencio necesario suenan a estafa al por mayor. No hay lógica negociadora, porque el Gobierno ha renunciado a establecer un antagonismo con ETA. Ha elegido sentarse a merendar con criminales, pero cuando éstos le molestan, da un golpe en la mesa en la cara de aquellos que no son sus enemigos. O sí. Lo dicho; una fenomenal estafa.
GEES, Grupo de Estudios Estratégicos
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